Conclusiones sobre la Eficiencia Energética y la reducción de emisiones de GEI
Es preciso actuar y cambiar los hábitos de consumo adaptando la economía para conseguir que tanto la producción como el consumo de Energía Primaria sea lo más eficiente (para evitar pérdidas en la producción y el transporte), minimizando los consumos por parte de cualquier tipo de usuarios consumidor a todos los niveles.
La eficiencia energética es la mejor forma de reducción de emisiones de GEI, fundamentalmente porque la mejor reducción en emisiones es el no consumo. Todo ello considerando que nuestra sociedad quiere mantener unos niveles mínimos de confort, alcanzados tras un siglo y medio de industrialización que ha permitido tener un nivel de vida sin parangón histórico en todos los niveles, aunque a diferente velocidad y alcance en función del grado de desarrollo de cada uno de los países.
En estas circunstancias, como la población a Nivel Mundial está creciendo entre lineal y exponencialmente, y como todos los habitantes tienen el derecho y desean alcanzar un nivel de vida similar al de los países desarrollados, es previsible que las emisiones de GEI sigan creciendo descontroladamente, por lo que la reducción en el consumo, la eficiencia en la producción, las mejoras tecnológicas, los sustitutos tanto energéticos como en el origen de las materias primas que utilizamos, la reducción de la huella de Carbono, etc,, son claves para reducir el impacto antropogénico en el aumento de emisiones de Dióxido de Carbono y en su impacto en el Cambio Climático observado.
La eficiencia energética puede permitir reducciones de entre el 40% y el 45% del exceso de las emisiones de GEI incurridas desde 1990, tal y como se recoge en el Protocolo de Kioto, por lo que actuar en este campo es clave para una mejora en este campo en todos los sectores y en todos los países tanto a nivel local como regional y mundial.
Aún queda mucho por hacer y es un campo totalmente abierto que permite gran número de actuaciones y de medidas a realizar, por lo que posee un margen de mejora fundamental para reducir durante las próximas dos décadas las emisiones de CO2 a la atmósfera, sin afectar la productividad o la calidad, sin disminuir el confort y la calidad de vida, proteger el medio ambiente, asegurar el abastecimiento y fomentar un comportamiento sostenible en su uso.
Todos los sectores involucrados tienen gran impacto en la demanda de Energía Primaria, pero a la vez poseen un gran potencial para reducir su intensidad energética, por lo que deben ocupar un lugar central dentro de los programas nacionales de eficiencia energética. Estos programas deben estar conformados por un conjunto seleccionado y ordenado de medidas, proyectos y actividades encaminadas a cumplir la política energética nacional y sectorial, con el objetivo central de producir un determinado impacto en el mejoramiento de la eficiencia energética y de la competitividad del país.
El éxito de estos programas descansa en el establecimiento de una agencia o entidad con un equipo de profesionales específicamente dedicados a la gestión de los programas, que conduzcan las acciones para establecer los mecanismos de precios, de regulación y control, las medidas fiscales, económicas y financieras, que promuevan el desarrollo tecnológico, comercial y la transformación del mercado de eficiencia energética en el Sector Industrial.
