Acuerdo planteado en la COP15 en Copenhague, Dinamarca, en diciembre de 2009. Tal y como se esperaba, este acuerdo no ha sido posible y ha quedado como un acuerdo de mínimos firmado por varios países emergentes y sin vinculación jurídica, puesto que no es de obligado cumplimiento. A pesar de ser un progreso por la casi unánime aceptación del acuerdo entre países, el documento no satisface ni a la Unión Europea, más ambiciosa con sus objetivos globales de reducción de emisiones de CO2.

El acuerdo de Copenhague no fue un texto jurídicamente vinculante, ni fue un documento político, quedó reducido a una declaración de intenciones. La lucha contra el calentamiento global no obtuvo uno de los principales objetivos, que fuera legalmente vinculante, como se acordó en la hoja de ruta de Bali (Indonesia) en 2007.
Respecto al Protocolo de Kyoto, que sí fue vinculante para 37 países, el nuevo acuerdo supone un avance porque por primera vez incluye a Estados Unidos (uno de los países más contaminantes del mundo) y a varios países emergentes, como China, India, y Brasil. Sin embargo, debido a la creación del tercer y último texto entre un pequeño grupo de 25 países, Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, y Sudán han votado en contra del acuerdo. La ratificación se alargó hasta la mañana del sábado 19 de diciembre.
El acuerdo de Copenhague reconoce el trabajo científico, y señala que es necesario un calentamiento global inferior a 2ºC para evitar los peores efectos del cambio climático. La mayoría de los líderes políticos dieron en sus discursos la razón a la ciencia, pero las reacciones de los científicos ante el acuerdo muestran más bien desesperación.
Los puntos en los que no hubo consenso fueron:
- Temperatura. El acuerdo reconoce que para evitar consecuencias catastróficas, el aumento de la temperatura no debe sobrepasar los 2ºC (algo que esperaban la mayoría de los países, pero que desilusiona a otros como las Pequeñas Islas Estado, y a otros países vulnerables que fijaban la meta en 1,5ºC). Sin embargo, tal como está expresado en el documento, no se plantea este límite como un objetivo formal ni tampoco cómo será alcanzado. Sólo reconoce y acepta el punto de vista científico.
- Emisiones de CO2. El acuerdo no fija un año en el que las emisiones deben llegar a su punto más alto para luego iniciar su descenso. Tampoco indica en cuánto se deben reducir las emisiones. Los países deberán anunciar en qué porcentaje reducirán sus emisiones para 2020 el 1º de febrero de 2010 . El acuerdo tampoco menciona metas para 2050. La fijación de plazos y porcentajes era una de los puntos claves que muchos esperaban estén incluidos en el texto del acuerdo.
- Ayuda financiera. El acuerdo promete aportar US$30.000 millones durante los siguientes tres años para ayudar a los países en desarrollo a mitigar los efectos del cambio climático. También promete un fondo, financiado por los países ricos, de US$100.000 millones para 2020. Sin embargo no está claro de dónde provendrá el dinero, cómo se lo entregará, ni quiénes serán los beneficiarios. Si bien, estas cantidades suponen alrededor de la mitad de lo esperado por la ONU.
- Transparencia y verificación. El texto indica que las promesas de los países ricos en cuanto al recorte de sus emisiones serán sometidas a un control estricto, tal y como lo establece la convención marco sobre cambio climático de la ONU. Mientras que los países en desarrollo deberán entregar informes nacionales sobre sus recortes aplicando una metodología «que respetará la soberanía nacional». Pese a ser el país más contaminante del mundo, China aún está considerado un país en desarrollo. En este sentido, EE.UU. exigía verificar que China esté cumpliendo con sus promesas, algo que el tratado no establece con claridad.
- Estatus legal. El acuerdo aceptado en Copenhague no es vinculante. Esto significa que ninguno de los países que lo reconocen está en la obligación legal de cumplir con lo que establece su texto. Para muchos países en desarrollo y organizaciones ambientalistas esto le quita cualquier validez.
- Deforestación. El acuerdo promete «financiamiento considerable para evitar la deforestación». Esto es un punto importante dado que más del 15% de las emisiones de CO2 se deben a la destrucción de los bosques. El texto del acuerdo reconoce «el papel crucial de la reducción de emisiones a través de la deforestación y la degradación de los bosques (…) y la necesidad de aportar incentivos que ayuden a tales acciones, como el establecimiento inmediato de mecanismos como los REDD (…)».
En líneas generales, y más allá de las críticas, algo que se le debe agradecer a la cumbre es que al menos ya no quedan dudas de que el Cambio Climático se ha convertido en un tema central de la discusión política para todos los países.
Y por otra parte, la conciencia pública sobre el Cambio Climático ha aumentado de forma masiva, y tanto para los países desarrollados como para aquellos en desarrollo, el futuro apunta una economía baja en Carbono.
Copenhague habrá llegado a su fin, pero dada la cantidad de temas que el acuerdo ha dejado sin resolver los líderes mundiales deberán continuar debatiendo las políticas para hacerle frente al Cambio Climático.
Referencias:
